El traslado del burdel

Los gatos negros han invadido las losas de la acera, los ronroneos han terminado por asustar al cliente medio (aquel marido frustrado que necesita sexo facil de nivel economico aceptable), ya no cantan las sirenas por estos mares, murieron los rojos de corazón por los rojos de alcohol. Aquí termina la calle, los americanos bombardearon su adiós. El único burdel rodeado de escombros en aquel pueblo irreconocible. Ya no entrá ni el tato porque está demasiado lejos de la ciudad más cercana, o del campo habitable. Las ruinas se apoderan del lugar, los niños muertos solo vienen a mirar y las putas se desgastan de enseñar. Quieren acción lejos del cementerio, buscan luces y mercados nocturnos, gafas en las oscuridad. La madame ha tomado una decision: las palabras putas se transladan a la gran manzana, la manzana que eva no eligió en su pecado original, una de las tantas que aun quedan por moder en el arbol del bien y del mal. Se finge tristeza por decir adiós a las paredes, a las puertas y a cada mueble que morira con su marca en la pared hasta el derrumbe final, los muebles se quedarán y si alguien alguna vez quiere ocupar este cementerio de intenciones, en los cajones podrá encontrar cartas sin destino, cartas que a lo largo de los siglos han escrito las prostitutas y las hijas de éstas prostitutas a personas que no existen, falsos fantasmas que frecuentaban los fondos de los armarios y miraban por las cerraduras de la nada. Y ellas siempre creyeron, y ellos siempre fingieron leer, siempre fingieron esconderse detrás de las tumbas. Es el poco tesoro que encontrarán, cartas a muertos inventados.

Ahora estamos enlacallenoventayseis.blogspot.com Allí seguiran vendiendose las palabras putas más baratas del lugar.


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