El aniversario de las flores y la muerte, preludio a la tarta.

Voy donde las flores se suicidan, a contemplar la carnicería de la primavera y formar parte de ella. A matar flores, a desvirgar las frutas más hermosas, a cometer pecado tras pecado. Descuartizar la poesía en los campos de fresas, allá donde Van Goth tuvo que suicidarse para ser comprendido. A llenarme las manos de rojo sin pulpa, del rojo muerto que pinta las paredes de las guerras. Podaré la belleza que tanto estiman los poetas, en mi cementerio de poesía los cipreses silbaran con más solemnidad, y el silencio cobrara vida en las últimas rocas que cayeron a la tentación de danzar. La belleza de las mujeres jamás se perturbara salvo para el placer mayor. El mundo ha muerto, y las lágrimas ya se las seco la muerte con el último suspiro de esperanza. Las masas son una pelota compacta, cual globo terráqueo, de huesos y carne que se mueve según decidan los jugadores del partido. Tiro ficha y me desentiendo de esa pelota. Alguien comprenderá que el arte es algo más que belleza o disfrute personal. El arte es lo único que nos queda fuera de esa pelota que los jugadores no pueden controlar. El arte es el aire que sobra dentro del partido, el que nadie respira pero sabe contemplar como rayos de una esperanza que de nada sirve si no hay una implicación total. Lo sabían los grandes. Lo sabían los autodeclarados locos. Hay que estar loco o ser muy valiente para salir del balón salva-vidas. Tan compacto que nadie sale herido de gravedad. No andan por el césped ni tienen que temer ser pisoteados.

Me voy a donde renace la muerte como una forma de vida. A ver con mis propios ojos como se mata a la primavera, a coger la hoz yo mismo y practicar el homicidio a la belleza. A podar las flores que piden ser cantadas, recitadas o esculpidas. A matar flores. Voy donde el sol no es el motivo de un hermoso día de verano, es donde el sol practica su injusticia a espaldas del valor. El mismo sol que ardió a Cristo en la cruz, aquel sol que se divierte azotando con sus látigos dorados. Y ningún cabello se asemeja a este cruel sol, ninguna mujer es tan perversa. Podare las flores para llevarlas a los cementerios, dónde los cipreses silban con mayor misterio, y la belleza se esconde bajo sepulturas con el código que siempre la ha protegido mejor, el de la palabra.

Voy a donde las flores se suicidan, a matar poesía en los campos de fresas. Y los asientos ya no volverán a ser azules, jamás volverán salvo las arañas que picarán de deseo por reinar sobre el placer de los cuellos. Dueño y señor de un feudo ya muerto, aquí termina la teoría del primer paso. Las instrucciones sobre como saltar a la siguiente baldosa. Nadie tiene porque seguir el camino, es solitario, largo y peligroso. Pero aquí uno que no piensa seguir la apestosa, asquerosa y nada satisfactoria pelota de mierda. Con perdón.

craneoypiano

(Van a morir más de dos mariposas en este blog, quizá toda una manada de luciérnagas. Es el comienzo para decir adiós, pues voy a ausentarme durante un largo tiempo. Ya seguiré con la despedida en otro momento).


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