A veinte mil leguas de haber nacido
Las colillas se amontonan en el suelo de un columpio mientras esperas a tener nauseas.
El humo coloca la sangre y los órganos tosen por dentro. Va llenando el vacío que ahoga las ganas de ser un héroe y las penas se esparcen en el aire, disolviendo su color tóxico.
La ilusión de marchar a un país sin ser tocado por el dedo de Guirilandia desaparece poco a poco. El odio se confunde con el atontamiento de estar flotando, e importa poco si son personas, carne ahumada parlante o productos categorizados de la televisión.
Las repetidas preguntas que mil veces responden sin gran satisfacción dejan de pesar por su sencillez ante el balanceo del aire. Y los limites y el horizonte se confunden sin extremos complicados.
La estrella está cerca de la mano.
No importa reconocer la verdad, ser una víctima más del proceso global.
El niño que no fue niño, ni ahora adulto. El que no ha nacido aún a pesar de haberlo parido.
Aún no han podido romperle los sueños desde que empezó a imaginar, aún no han conseguido demostrarle lo dura que es la vida cuando se propuso navegar los mares. Ni tampoco le han enseñado la necesidad de seguir la corriente mas concurrida para llegar a una tierra prometida, donde no tiene nada perdido, ni nadie que le haya prometido toda su factoría de hadas. Tampoco fue nunca su máxima aspiración llegar a viejo con pensión, ni siquiera llegar a viejo. Nadie le ha dicho aún que es mas factible amontonar años que momentos. Y nunca ha llegado a creer que la salvación está después de la muerte.
No ha visto aún padres que han decidido sacrificar sus vidas por la de sus hijos para ver y obligar a que éstos hagan lo mismo. Ni ha conocido a los grandes maestros, aquellos que sermonean y cortan las aspiraciones más locas de los jóvenes. Los que sólo hablan de responsabilidad y preservativos, o de disciplina y buenos humos.
No ha decidido aún si quiere huir de la guerra de los Rompe-Sueños, o bien combatir hasta el final o bien unirse a sus señuelos. Y quizá el día que nazca, el día que salga de su nevera, sea su último día también; como un parto que sale mal o como una vida entera desaprovechada.
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- Agosto 3, 2008 / 6:31 pm
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